Instagram es la red social más dañina para la salud mental de los adolescentes – El Mostrador

“Los jóvenes que pasan más de dos horas al día en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram son más propensos a sufrir problemas de salud mental, sobre todo angustia y síntomas de ansiedad y depresión”, informa el estudio realizado por la Royal Society of Public Healt y la Universidad de Cambridge.

Fuente: Instagram es la red social más dañina para la salud mental de los adolescentes – El Mostrador


Tumblr was my saviour. It made me see I wasn’t monstrous and unloveable | Jonno Revanche | Opinion | The Guardian

There has been much written on the negative influence of social media on young people. But these websites can also be life-changers too, in a good way

Fuente: Tumblr was my saviour. It made me see I wasn’t monstrous and unloveable | Jonno Revanche | Opinion | The Guardian


Facebook, Snapchat and Twitter must play by tough rules for kids – FT.com

“Can I download Snapchat, Mum?” A conversation like this will play out in households with teenage children who use the messaging app across the EU when new rules requiring social networks to get parental consent from all users under the age of 16

Fuente: Facebook, Snapchat and Twitter must play by tough rules for kids – FT.com


PDI lanza campaña de prevención contra el grooming – El Mostrador

PDI lanza campaña de prevención contra el grooming – El Mostrador.

El grooming es una práctica de la que son víctimas miles de niños y jóvenes alrededor del mundo, donde un adulto se hace pasar por alguien más joven con el fin de ganar su amistad y posteriormente cometer abusos en su contra. En la campaña lanzada por la PDI y en la que el actor Augusto Schuster es rostro, se busca crear conciencia sobre los riesgos que corren los menores en internet.


Pornovenganza: cuando la falta de educación sexual se cruza con el desconocimiento de los riesgos de Internet – ONG Derechos Digitales

Pornovenganza: cuando la falta de educación sexual se cruza con el desconocimiento de los riesgos de Internet – ONG Derechos Digitales.


Un video de contenido sexual protagonizado por adolescentes chilenos se viralizó rápidamente hace unos días, alertando nuevamente sobre problemas comunes en la red, como la violencia de género, el desconocimiento de los riesgos de Internet y la violación de la privacidad.

Hace un par de semanas en Chile, el video de un grupo de menores de edadrealizando una serie de actos sexuales fue subido a Internet, diseminándose rápidamente a través de las redes sociales. Todavía no se sabe quién lo publicó, pero la única mujer involucrada ha sido fuertemente atacada y culpada por sus compañeros “por haberse dejado grabar”.

Evidentemente, una situación compleja como esta presenta una serie de ángulos distintos desde donde puede ser analizada. En primer lugar, al ser los involucrados menores de 18 años, estamos frente a un caso de producción de pornografía infantil, que es sancionado en Chile con penas que van desde tres años y un día a cinco de cárcel. La misma sanción es aplicable a quién difunda el material, mientras que su almacenamiento es castigado con entre 541 días y 3 años de cárcel.

El Servicio Nacional de Menores (Sename) ya denunció el hecho ante a Brigada del Ciber Crimen de la Policía de Investigaciones para que se baje el video de la red y se investigue su origen.

Otro aspecto que no deja de sorprender es el machismo generalizado con el que la opinión pública ha tratado el tema; como en otros casos similares, la tendencia es a vilipendiar, denigrar y culpar a la mujer como la única responsable de hechos que podrían atormentarla por el resto de su vida. Sus contrapartes masculinas rara vez son mencionados y al cabo de un par de días nadie los recuerda.


The internet is fertile ground for the mosaic of allegiances out of which teens build identity | Jess Zimmerman | Comment is free | theguardian.com

The internet is fertile ground for the mosaic of allegiances out of which teens build identity | Jess Zimmerman | Comment is free | theguardian.com.

Your teen years are a time to try on a bunch of different self-concepts. Today, you have to be careful when the internet doesn’t want you to change

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When you don’t know who you are yet, the internet offers many possibilities to figure it out. Photograph: Graeme Robertson/Graeme Robertson

The internet was barely a thing when my friends and I were kids; we passed physical notes and wrote letters to keep in touch. We knew on some level there was a chance they might one day be read by someone for whom they weren’t intended – we used to joke about our correspondence someday being published as “Collected Letters”, because like any teens, we were always performing. But unlike Twitter or Tumblr or the now-semi-moribund Livejournal, that public audience remained imaginary. (Well, at least until now; I have known my most frequent teen pen pals for 20 years, and we sometimes haul out our shoeboxes full of embarrassing juvenilia and enjoy cringing together.)

Young people – at least weird young people, at very least weird young girls – are often eager to announce themselves. In lieu of a strong self-concept, the young build themselves out of a mosaic of allegiances. The online world is fertile ground for these. Tumblr, Twitter and 4chan, for example, are full of young people pledging fervent allegiance to a favorite fan culture, a political movement or a self-diagnosis, with all the rights, privileges, and rivalries that implies. Some of these will be important parts of a person’s identity for life. Others will mortify them within a year. At that age, it can be very, very hard to tell which will be which.

Building a self-concept means staking your claim for an audience, however small. I’m sure kids still write private stuff. But it’s hard when you are young and lonely – no matter how many fandoms you join – to resist a readily-available audience that doubles as a support group. I wouldn’t have been able to, I think: I wrote letters, but if there had been Tumblr back then, I would have been on it like scarves on Sherlock.

The support of the invisible masses can be incredibly positive. For teens who are isolated physically or emotionally, the internet might provide the first glimmer of understanding that there’s nothing actually wrong with them. It can be a way to connect with other people, to build support systems to which you don’t have access in your offline life, a way to live and explore an identity that you might have to keep hidden or secret for your own protection.

But there can also be pitfalls. Sometimes, when you’re trying to figure out who you are and what you believe, you test out a lot of convictions. (I had an “I hate feminists because they get mad when men hold doors for them” phase, for example.) Once you’ve made those statements in public, it’s harder to pull up, to nix one bit of the person you’ve created from scratch and go exploring down a different route. You’ve already told Tumblr that you are definitely, really a wolf with wings; you’ve argued in favor ofOtherkin rights and awareness; you’ve become a leader of the Otherkin community. Or worse, you’ve helped your 4chan buddies dox a female game developer and your rape-threat tweets are screencapped and re-tweeted all over the internet. You’ve pledged allegiance, and everyone saw you do it. Now, when someone challenges you, you have to double down.


Adolescentes en la era Instagram | España | EL PAÍS

Adolescentes en la era Instagram | España | EL PAÍS.


Se mueven entre el pasotismo y el consumismo. Acostumbrados a una vida de entretenimiento y de series, los jóvenes describen el presente como “ inestable e injusto”

Su idea de una jornada ideal pasa por no acudir a clase, no madrugar, tener una tarjeta black (“pero sin corrupción”) y estar con los amigos y pasarlo bien. Lo cuentan entre risas y algo de rubor seis alumnos, de 17 años, del Instituto Severo Ochoa, en la localidad madrileña de Alcobendas. Chicos de clase media, la mayoría de padres divorciados y con problemas escolares, motivo por el que han sido derivados a Diversificación o al Programa de Cualificación Profesional Inicial Voluntaria, cursos para obtener la ESO con contenidos más bajos. Todos consideran a la familia como un valor fundamental. “La convivencia es buena aunque discutimos mucho. Me repite las cosas muchas veces y me rallo.Ella suele llevar razón pero a veces resulta pesada”, cuenta Daniel León Vargas, de 16. Su sueño sería irse con su novia a vivir a otra ciudad, quizás Nueva York.

 Les mola mazo o les renta pero no se han chinado; viven en la keli y no les va el canteo. Estamos en el recreo, tres horas después de su llegada al centro escolar. Como el resto de sus compañeros entraron en tromba al patio, a las ocho de la mañana. Todavía quedaban unos segundos para una ojeada rápida a la pantalla del móvil y enviar un último WhatsApp. El centro escolar lo deja bien claro en los carteles pegados por las paredes. En clase están prohibidos los móviles, sobre todo para proteger a los profesores de filmaciones vejatorias que luego se cuelgan en Youtube. Para evitar conflictos los dejan sobre una mesa y se los devuelven a la salida. El castigo por usarlo en clase es una semana sin móvil. Los usan en los pasillos y los profes muchas veces hacen la vista gorda. Pillarlos con ellos en la mano supone un conflicto añadido y un enfrentamiento que conviene evitar. De los más de tres millones de adolescentes españoles (muchachos de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años) un 84%, posee teléfono móvil para su uso personal, pagado por sus padres, según datos del Instituto de la Juventud, basados en una encuesta de 2012. El sondeo avisaba de la tendencia al alza. Duermen con el móvil y miran la pantalla al menos un centenar de veces al día. España se encuentra en la media de Unión Europea y en todos los estados miembros se comprueba el mismo ascenso y comportamiento. Igual que su relación con las redes sociales que ya ha acabado por generalizarse. Su uso es mayor cuanto menor es la edad. En poco más de tres años se ha pasado del 60% en 2009 al 90% en 2011.


La edad del pavo, en digital – El Huffington Post

La edad del pavo, en digital – El Huffington Post.


La generación menor de 15 años es la primera que inicia la adolescencia con móvil propio

Los padres, desorientados ante la poderosa atracción de sus niños por las redes sociales

Sara, Sauditu, Hugo, Isa y Kacper muestran sus móviles. / SANTI BURGOS

Sara, de 13 años, está de morros con sus padres. Se siente víctima de una injusticia. A pesar de sus buenas notas, han decidido confiscarle el móvil a las 11 de la noche, después de pillarla whatsappeando en la cama de madrugada. Al principio, protestó, clamó, chantajeó. Ahora, es ella la que le tira muy digna el teléfono a su madre, autora de este reportaje, antes de anunciar, cual rea rumbo al patíbulo, que se va a la cama. Sara era, dice su madre, “un bebé adorable”. Una niña risueña, cariñosa y siempre dispuesta a todo. Hasta que, súbitamente, mutó en la chica “contestona, indolente y alérgica a las efusiones” que describen hoy sus progenitores. Una adolescente de libro.

Sara está en plena eclosión hormonal. “Tengo un pavazo que no me tengo”, admite, entre ofendida y orgullosa. Nada que no pasara en su día su hermana Irene, hoy casi una adulta oficial a sus 17 años y medio. La diferencia es que, mientras Irene cruzó la delicada frontera entre niñez y adolescencia acompañada del ordenador situado en el salón de la casa, Sara lo está haciedo con el mundo, su mundo, incrustado las 24 horas en la palma de su mano en la pantalla de su teléfono móvil.

Irene, siendo nativa digital, ha tenido que migrar del PC al móvil. Sara, es nativa movildigital pura. La edad del pavo siempre fue difícil, pero el nuevo pavo digital tiene desorientados a muchos progenitores que, como los de Sara, compraron el móvil a sus niñospara tenerlos más controlados, y han terminado con sus hijos localizados, sí, pero abducidos por una pantalla en la que no saben muy bien qué hacen ni con quién.


La nueva tendencia de agredirse anónimamente en internet – El Mostrador

La nueva tendencia de agredirse anónimamente en internet – El Mostrador.

Con frecuencia se cree que los insultos proferidos en redes sociales contra una persona son publicados por extraños. Pero se ha descubierto una práctica reciente en que la víctima también es la perpetradora. ¿De qué se trata?

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Una nueva tendencia en las redes tiene preocupados a padres y expertos: muchos jóvenes están publicando insultos contra sí mismos en internet aprovechando el anonimato del ciberespacio. Pero, ¿por qué lo hacen?

Informes recientes revelan que el trolling, una práctica que consiste en agredir con comentarios ofensivos a una persona en internet, es un fenómeno en aumento. Cuando las personas sufren abusos y amenazas en las redes sociales, se asume que provienen de un extraño, pero no siempre es el caso.

Según expertos en cultura informática y organizaciones no gubernamentales que se dedican al tema, el acoso cibernético infligido por la misma persona es parte de un problema que está empezando a surgir y que algunos llaman “hacerse daño digitalmente” (una traducción del inglés cyber self-harm o también self-trolling).

Las estadísticas de prevalencia son difíciles de obtener: hasta el momento sólo existe un estudio relevante al respecto. El Centro de Disminución de la Agresión de Massachusetts (MARC, por sus siglas en inglés) descubrió que de los 617 estudiantes que entrevistó, 9% había hecho alguna forma de self-trolling.


Mucho Facebook, ¿poca concentración? | Sociedad | EL PAÍS

Mucho Facebook, ¿poca concentración? | Sociedad | EL PAÍS.

 

El 84% de los menores leen en su tiempo libre. Es el sector más lector. / Getty Images

En un anuncio televisivo actualmente en emisión, dos niños dibujan a sus familias. Uno de ellos dibuja a papá, mamá y a sus hermanos, todos con un móvil pegado a la oreja. Lo que el spot quiere transmitir es una oferta con acceso ilimitado al móvil. ¡Usad el móvil todo lo que queráis! ¡Correo electrónico, vídeos, Facebook, Instagram, WhatsApp!

Pasamos muchas horas pegados a una pantalla. Por trabajo, pero cada vez más por placer, porque es útil para comunicarnos, nuestra prioridad. Comprobar si hemos recibido un nuevo mensaje electrónico (cosa que solemos hacer varias veces al día, obsesión recientemente bautizada como infobesidad), mantener varias conversaciones en grupo por WhatsApp, consultar confesiones y noticias a través de Facebook, Twitter y otras redes sociales… Y lo hacemos en todo momento: mientras vemos la televisión, comemos o incluso en plena obra de teatro (algunos teatros optan, en ocasiones, por permitir el uso del móvil durante la función para que compartan lo que ven en redes sociales).

Todos (o la mayoría) hemos caído víctimas del influjo digital. Los menores también. En Estados Unidos y Alemania, los adolescentes pasan siete horas y media diarias usando medios digitales.

Los menores leen mucho, pero han cambiado el soporte y lo hacen de manera diferente

Algunos autores han alertado sobre los efectos que estos procesos tienen en la mente. Lo hizo Nicholas Carr, quien decidió abandonar la vida ultrainformada y se mudó a las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil e Internet llegaba mal, con su obra Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Y también Manfred Spitzer, director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Ulm y del Centro de Transferencia de Conocimientos para las Neuronas y el Aprendizaje, con Demencia Digit@l. El primero resumía así los efectos de Internet en sí mismo: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”. ¿Le está pasando eso a más gente? ¿Le cuesta zambullirse en un libro o ha dejado de hacerlo por comprobar sus mensajes en Facebook?

Spitzer, por su parte, escribe lo siguiente en su libro (editado en español por Ediciones B): “La afirmación de que la competencia en las nuevas tecnologías tenga una correspondiente repercusión positiva no ha sido demostrada en absoluto por el momento. Es estúpido también que justamente la neurociencia sospeche antes bien lo contrario. Y es que algunos estudios demuestran que el cerebro crece justo allí donde se utiliza. Y el enunciado al revés es también válido. Si no se utiliza el cerebro, entonces se atrofia”. A Spitzer le preocupa cómo afecta el aumento de la tecnología en el cerebro de los niños. Su opinión es que tener más acceso a estas pantallas no les viene bien: “La utilización de ordenadores en edades muy tempranas en la guardería puede motivar trastornos de la atención, y a una edad posterior, todavía en edad preescolar, puede conducir a trastornos de la lectura”.

Fuente: Federación de gremios de editores de España / EL PAÍS

Desde la Federación de Editores de España, sin embargo, no creen que los menores lean menos. “Frente al tópico generalizado, es el sector más lector”, dice Antonio María Ávila, secretario de la federación, cuyo Anuario 2012 concluye que el 84,6% de los menores lee en su tiempo libre. “Y es lógico, están escolarizados al 100%. Pero hay dos tipos de lectura, una práctica y otra más reposada. Lo que sucede al leer digitalmente, a través de una tableta o del ordenador, es que uno siente más la necesidad de comentar lo que lee con todo el que pueda”.


Do you know where your children go online? | Society | The Guardian

Do you know where your children go online? | Society | The Guardian.

Sexting, bullying and getting round security settings… young people tell Olivia Gordon what really happens on the internet
Cal Davies, 16 View larger picture

Cal Davies, 16: ‘Most of my friends who have had ask.fm have received a question saying, “Why are you so ugly?” or, “When are you going to kill yourself?”‘ Photograph: Laura Pannack for the Guardian

Thirty years ago, children were taught never to accept sweets from strangers, but the equivalent modern message, about staying safe online, doesn’t seem to be getting through. For all its positives, the online world is full of potential hazards to young people. Sexting, bullyingand sexual approaches from strangers are online dangers modern teenagers routinely face. And adults’ knowledge of what young people are doing online is often vague and complacent.

Nearly half of British children now have online access in their bedrooms,while a quarter of 12- to 15-year-olds owns a tablet of their own. The number of this age group using smartphones to send, receive and post photos online has risen significantly in the past year, and Ofcom points out that children’s online safety skills have failed to rise at the same rate, with particular risks coming from the lack of privacy on social networking sites. Most parents of five- to 15-year-olds believe they know enough about the internet to keep their children safe, but, according to research by internet security system McAfee in 2012, four-fifths of teenagers say they know how to hide their online behaviour from parents.

Some parents feel their only recourse is to restrict internet access, but James Diamond, of parenting and technology website Quib.ly, says: “A big reason that children don’t tell parents about abuse is that the default reaction of parents is to take the internet away from them.”

Internet safety needs to be taught, with specific ground rules and open communication between generations. Parents need to know that the dark side of the online world can’t be avoided – if they have teenage children, it is almost certainly already in their lives.


A grown-up's guide to sexting (or, why you should stop worrying about your teenagers get up to online) | Rhiannon Lucy Cosslett | Comment is free | The Guardian

A grown-up’s guide to sexting (or, why you should stop worrying about your teenagers get up to online) | Rhiannon Lucy Cosslett | Comment is free | The Guardian.

Adult angst about teenage sexuality has reached fever pitch. Let’s get back to basics

 

 

Girl texting

‘A Greek friend finds it hilarious that the British government has time to wade into the private sexual lives of its subjects.’ Photograph: Reggie Casagrande/Getty Images

 

What’s the big deal about sexting? Teenager Aminah Appiah doesn’t think it’s such a problem, having this week told Newsnight that “it’s just one of the ways my friends communicate”, with the typical nonchalance of the adolescent. Yeah, so what? Enough with the news segments and the studies and the talking heads; it’s just a picture of some boobs. Innit?

She’s right, of course. Just what is it about the electronic transfer of sexual words and images between teenagers that interests so many adults? A Greek friend of mine finds it hilarious that the British government even has time to wade into the private sexual lives of its subjects. Some Americans I was in a bar with last night were baffled by the whole debate. They thought I was talking about politicians sending pictures of their wieners to each other. When they realised I was talking about private citizens, they visibly switched off.

The hysteria regarding what teenagers get up to on the internet has been building for some time, of course, but it has now reached fever pitch. This week it was announced that Facebook had changed its privacy settings for teens, allowing them to share photos and status updates with the general public – thus making them vulnerable to a cohort of paedophiles, revenge-porn pedlars and human traffickers, all of whom will presumably be fascinated by all those status updates about X Factor, Chessington World of Adventures and the bare mayo in a Kentucky Fried Chicken tower burger.