Lo que pasa en Twitter se queda (casi siempre) en Twitter | Verne EL PAÍS

Lo que pasa en Twitter se queda (casi siempre) en Twitter | Verne EL PAÍS.

La bolsa de Nueva York, el día en el que Twitter comenzó a cotizarLa bolsa de Nueva York, el día en el que Twitter comenzó a cotizar.

Twitter me gusta. No lo voy a negar. Y no estoy solo: esta red social cuenta con 288 millones de usuarios que se conectan al menos una vez al mes y que escriben 500 millones de tuits cada día, según datos facilitados por la empresa. Esos tuits pueden ayudarte a pasar el rato o proponerte artículos que no sospechabas ni que existían. También, por qué no, en Twitter puedes conocer a gente maja e incluso encontrar trabajo.

Pero todo esto no quita que Twitter esté sobrevalorado. Le prestamos más atención a esta red de la que realmente se merece. Es una red muy usada, sin duda, pero también tiene sus propios códigos y un entorno cerrado. Es decir, lo que pasa en Twitter se queda en Twitter.

Entonces, ¿por qué parece lo contrario?

Los titulares que hacen referencia a cómo “arden las redes sociales”, suelen centrarse en Twitter. Alguno puede creer que los medios tratan lo que ocurre en la red buscando el clic fácil, incluso el retuit. No es así. Varía mucho del medio (y de la noticia), pero Twitter suele traer menos de un 10% del tráfico que procede de las redes sociales. La mayor parte, hasta el 90%, viene de Facebook, que tiene 890 millones de usuarios cada día. Incluso a pesar de que Twitter está lleno de periodistas que se retuitean los unos a los otros.

Simplemente ocurre que Twitter es muy cómodo para los medios (sí, Verne incluido), ya que los usuarios comentan muy a menudo contenidos ligados a la actualidad, por lo que son un termómetro rápido para saber qué está ocurriendo.

Hay más. Como escribe Eugeni Morozov en To Save Everything, Click Here, no es de extrañar que muchas campañas promocionales aspiren a ser el centro de conversación en esta red: “Una vez la historia consigue este estatus tan deseado, atrae aún más atención, llegando a conversaciones que van más allá de Twitter. En este sentido, Twitter también es una máquina, no una cámara; no se limita a reflejar realidades: las crea de forma activa”.

Sería más difícil recurrir a Facebook para intentar ver qué se está comentando sobre un tema. La mayoría de los perfiles Facebook son privados y sus actualizaciones no suelen ser comentarios a la actualidad, sino más bien contenido personal. .

Instagram también tiene más peso que Twitter. Desde diciembre, también cuenta con más usuarios: 300 millones al mes. Pero claro, los contenidos de esta red no están tan marcados por la actualidad como ocurre en el caso de Twitter y aunque se usen hashtags, resulta más difícil buscar fotos sobre un tema que tuits.


Evgeny Morozov | Don't believe the hype, the 'sharing economy' masks a failing economy | Comment is free | The Observer

Evgeny Morozov | Don’t believe the hype, the ‘sharing economy’ masks a failing economy | Comment is free | The Observer.

In the first of a series of monthly columns, the leading critic of the politics of the internet argues that the benefits of the latest innovations are overstated and often risible

 

 

shared economy motorist

Verizon has announced its Auto Share service for motorists, but will it and products like it really turn us all into micro-entrepreneurs? Photograph: Barry Gnyp/Getty Images

 

Early this month, Verizon, one of America’s largest mobile operators, quietly unveiled a new service called Auto Share. Slated to launch by the end of the year, Auto Share makes it trivially easy to book and unlock a rented car with a smartphone: just scan and validate a QR code on the windshield.

Potential implications are, indeed, far-reaching: now any aspiring startup can rely on Verizon’s infrastructure of ubiquitous connectivity and geolocational tracking to match supply and demand, with Verizon itself providing lucrative verification and locking services. Verizon hopes to eventually extend this model far beyond cars, making it possible to swap any other items fitted with an electronic lock: power drills, laptops, apartments. Verizon – hardly a Silicon Valley pioneer – thus joins many other champions of the “sharing economy” in insisting that “people today are embracing a sharing society – the one that allows them to get what they want on demand”. Gone are the burdens of ownership!

For all the incessant talk about disruption and disintermediation, services like Auto Share reveal that digitisation is propelled by a new set of powerful intermediaries that will be much harder to disrupt. Take Facebook: it provides many of the services grouped under the sharing economy with the kind of reliable identity infrastructure that allows us to verify that we are who we say we are when, for example, we book apartments via Airbnb. Facebook provides a free service to Airbnb – call it “identity on demand” – and Verizon wants to dominate another such service: “access on demand”.

The smartphone, with its clever sensors and always-on, reliable connectivity, joins all these layers together. A company like Uber, for example, would be unthinkable without the smartphone and its real-time sensors, always ready to pinpoint the car’s location on the virtual map. The appearance of clever apps such as Auto Share suggests that, instead of retrofitting every object with a sensor as proponents of the Internet of Things advocate, one can latch a QR code on them and let one centralised device – the smartphone – do all the sensing. It’s not clear which of the two visions – the Internet of Smart Things or the Internet of Dumb Things Connected via Smart Phones – would dominate. Given Apple’s recent foray into mobile payments, it seems wise to bet on the latter.

The very name Auto Share has an intriguing double meaning: it refers not only to the ease with which we can “share” automobiles but also to the fact that much of that sharing can be automated. Today, our most beloved belongings can re-enter market circulation without much effort on our part. We no longer need to visit the proverbial bazaar: the market will find us in the comfort of our homes, making us an offer we cannot refuse. The rapid ascent of the sharing economy can thus be explained by capitalism’s newly found technological capability to convert every commodity that has been bought and removed from the market – temporarily becoming “dead capital” of sorts – into a rentable object that never leaves the market at all.


The top 30 young people in digital media: Nos 10-1 | Media | The Guardian

The top 30 young people in digital media: Nos 10-1 | Media | The Guardian.

Vine star Jerome Jarre, comedian Hannah Hart, photojournalist Mosa’ab Elshamy, fashion video blogger Dina Toki-O and Farea Al-Muslimi, the Yemeni journalist whose village suffered a drone strike days before his testimony to the US senate judiciary committee, finish atop our top ten of the most exciting people under 30 in digital media. Chosen by the Guardian’s 10 trainee digital journalists, Alex Hern, Matt Andrews, and BuzzFeed’s editorial director Jack Shepherd
  • The Guardian,

La gaseosa tecnológica | Economía | EL PAÍS

La gaseosa tecnológica | Economía | EL PAÍS.


Logotipos de WhatsApp y Facebook / CHRIS RATCLIFFE (BLOOMBERG)

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¿Estamos ante una nueva burbuja tecnológica a punto de estallar? Las comparaciones son inevitables ante un debate latente que toma cuerpocon la compra de la aplicación de mensajería WhatsApp. La compañía de la red social Facebook está dispuesta a pagar por ella hasta 19.000 millones de dólares, es decir, casi 14.000 millones de euros. Todo a cambio de una tecnológica de Silicon Valley con cinco años de vida quefunciona gracias a una treintena de ingenieros. A cada uno de esos técnicos les corresponde el equivalente a 14 millones de usuarios. Nada se sabe de su cifra de negocio. La valoración de WhatsApp es, cuanto menos, extravagante y de ahí que haya despertado los recelos a nueva burbuja como la que vivió el sector de las puntocom en el año 2000, y que hizo tambalearse toda la economía.

¿El precio de compra es exagerado? Si el precio de WhatsApp fuera su valor en Bolsa, ocuparía el puesto 265 entre las compañías del índice S&P 500, por encima de la cadena de hostelería Marriott o de Southwest Airlines, la tercera aerolínea más grande de EE UU. Facebook desembolsa por su control casi tanto como lo que vale la multinacional del textil Gap, pese a que esta tiene 135.000 empleados y unas ventas declaradas de 16.300 millones.

WhatsApp tiene el mismo precio de venta que el gigante textil Gap en Bolsa

Más contexto: WhatsApp no sería nada sin la infraestructura de compañías tecnológicas como Verizon, el mayor operador de EE UU, que tiene un valor bursátil de 191.500 millones. Es 10 veces más que el precio de venta de la aplicación para móviles, pero su plantilla y sus ingresos también son, sin duda, mayores: ronda los 180.000 empleados y la cifra de negocio de 2013 era de 81.000 millones.

El miedo a que lo que se está pagando por las empresas de servicios virtuales sea una locura no nace de la mensajería instantánea. Las dudas llegaron con la ola de estrenos bursátiles que protagonizaron Facebook y otras populares puntocom en el negocio de las redes sociales como LinkedIn o Twitter. También giraron algunos ojos cuando Facebook compró Instagram por 1.000 millones de dólares. O con la lluvia de millones que recibieron los creadores de otras aplicaciones como Yammer, Tumblr, Waze y Viber. Aun así, al contrario que hace 14 años, los analistas y los inversores, más que una gran burbuja hinchada, lo que temen estar viendo ahora son burbujas dispersas, como las de un refresco.


Psicólogo advierte que sólo se podrá descansar en vacaciones si se dejan de lado las redes sociales – BioBioChile

Psicólogo advierte que sólo se podrá descansar en vacaciones si se dejan de lado las redes sociales – BioBioChile.

Publicado por Alejandra Jara | La Información es de Agencia UPIJuliaf | sxc.hu

Juliaf | sxc.hu

Para poder descansar efectivamente durante las vacaciones no basta sólo con dejar de ir a la oficina. También implica desconectarse con todo lo relacionado con el trabajo, lo que incluye el correo electrónico y las redes sociales. Así lo explicó el psicólogo de la Universidad Santo Tomás, John Molina Cancino, quien agregó que este periodo es fundamental para tener ánimo el año siguiente.

Según Molina, “una persona que durante largos períodos se dedican a realizar actividades que implican cierta rutina y responsabilidad se ven enfrentados, por lo general, a estados de estrés, el que se manifiesta a través de agotamiento tanto físico y mental, trastornos de sueño, irritabilidad, alteración en el apetito, entre otros”, explica el especialista.

“En casos más graves podría llevar consigo trastornos en el estado del ánimo, el que podríamos describir como un estado permanente de tristeza, melancolía, infelicidad o abatimiento. Esta situación, a la larga, resulta no sólo perjudicial para el bienestar del sujeto, sino que también se traduce en una baja en la calidad del trabajo mismo. Sumado a lo anterior, provoca baja en la concentración y todo lo que acarrea consigo en el rendimiento laboral”, apunta.