Defender los derechos humanos en el entorno tecnológico. Nuestra apuesta desde América Latina | Derechos Digitales

Derechos Digitales comienza hoy una nueva etapa de trabajo en defensa de los derechos fundamentales en América Latina. Nuestro camino se dirige a la identificación de un entorno cambiante para los usuarios, los gobiernos y la sociedad civil en general.

Fuente: Defender los derechos humanos en el entorno tecnológico. Nuestra apuesta desde América Latina | Derechos Digitales


Por la eliminación de las violencias contra las mujeres | Derechos Digitales

Las principales víctimas de la violencia en línea son las mujeres con perfiles públicos y que participan en espacios de comunicación (como periodistas, investigadoras, activistas y artistas), junto con aquellas que sostienen una relación de pareja violenta y quienes han sobrevivido a la violencia física o sexual.

Fuente: Por la eliminación de las violencias contra las mujeres | Derechos Digitales


“Solo si logramos el derecho a la comunicación podremos hacer realizable los demás derechos humanos”

“Solo si logramos el derecho a la comunicación podremos hacer realizable los demás derechos humanos”.

Escrito por Fernando Arellano Ortiz/Cronicón.net
Jueves, 18 de Septiembre de 2014 16:26

“El derecho a la comunicación no es una cuestión de libertad de expresión, no es una autonomía de línea editorial, en ese ámbito nos estamos jugando los derechos humanos. Solo si logramos el derecho a la comunicación podremos hacer realizable los demás derechos: a la educación, a la salud, a la igualdad económica, a la dignidad”, afirma Francisco Sierra Caballero, director del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) con sede en Quito, Ecuador, quien a finales del pasado mes de agosto asistió como expositor principal de la Octava Semana Internacional de la Comunicación organizada por la Corporación Universitaria Minuto de Dios (Uniminuto) de Bogotá, así como cumplió con otros compromisos académicos.

Para Sierra Caballero, quien acaba de asumir apenas hace tres meses la Dirección General de CIESPAL, su reto al frente de este importante centro de pensamiento es impulsar una atractiva agenda comunicacional que apueste por la integración regional y el impulso del pensamiento alternativo en esta materia.

En Latinoamérica sostiene este docente universitario español e investigador social de amplia trayectoria, “desafortunadamente no se ha avanzado en una agenda comunicacional común, supranacional, aunque ha habido algunas manifestaciones de representantes de países de Unasur en el sentido que hay que situar el tema en el ámbito de la integración regional. Si hablamos de comunicaciones, de gobernanza de Internet, de copyright, de temas que son estratégicos para el futuro como la soberanía tecnológica, el desarrollo de nuestra industria cultural, requerimos de una agenda común”, recalca.

En el ámbito regional, el director de CIESPAL resalta los ejercicios democráticos que en materia de acceso comunicacional se vienen dando en algunos países de América Latina que apuntan a abrir el debate público sobre la regulación y organización de sistemas de comunicación públicos y la definición de una estructura más equilibrada en cuanto a la propiedad de los medios.

Francisco Sierra Caballero, doctor en Ciencias de la Información y posgraduado en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la UNED. Se desempeñó como profesor titular de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla, donde dirigió además el Grupo Interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social (COMPOLÍTICAS) y la Revista para el Desarrollo Social de la Comunicación (REDES.COM). Experto en políticas de comunicación, nuevas tecnologías y participación ciudadana de la Unión Europea, ha impartido clases y conferencias como profesor invitado en prestigiosas universidades y centros de investigación de Europa y América Latina. Autor de numerosos estudios y ensayos en materia de comunicación y desarrollo, políticas de comunicación y teoría de los medios, su último trabajo bibliográfico lleva por título: “Políticas de comunicación y educación. Crítica y desarrollo de la sociedad del conocimiento” (Gedisa, Barcelona, 2006). Es director de Centros Asociados del Consejo Directivo de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS) y Secretario Internacional de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC).

El gobierno ecuatoriano del presidente Rafael Correa postuló su nombre para que fuera elegido como director de CIESPAL, centro de pensamiento de la comunicación a nivel hemisférico, por un periodo de cinco años. Desde este organismo internacional fundado por la UNESCO y la República del Ecuador en 1959, se propone generar una sinergia con los sectores sociales, las universidades, los medios de comunicación comunitarios y alternativos, entre otros, para impulsar y desarrollar una estrategia comunicacional a nivel de América Latina que tenga como espíritu la integración, democratización del derecho a la comunicación y el impulso del pensamiento crítico y emancipatorio.


¿De quién es la foto? La polémica por la selfie del mono. | Manzana Mecánica

¿De quién es la foto? La polémica por la selfie del mono. | Manzana Mecánica.

Carolina Gainza »


Si te sacas una selfie con una cámara ajena, ¿De quién es la foto? ¿Del dueño/a de la cámara o de quién tomó la foto? ¿Quién posee los derechos de propiedad intelectual? Estas preguntas han estado recorriendo las páginas de diarios y revistas online a causa de la selfie de un mono.

La verdad es que el tema da para un debate largo. Respecto al debate en Wikimedia, pueden encontrarlo en este enlace.

En fin, en Internet se han generado prácticas que permiten compartir y reproducir conocimientos e información de forma virulenta. Allí donde se cierra una página para bajar libros, se abren otras cinco. Las redes digitales se han extendido y proliferado de tal manera que controlar la producción social y cultural en ellas se ha hecho casi imposible desde los métodos tradicionales, a los cuales pertenece el copyright. Las prácticas culturales y sociales que se observan como resultado de los usos de las tecnologías digitales escapan a las leyes y formas de control tradicionales. En este sentido, nos encontramos en una etapa de transición en que las dinámicas socio-culturales asociadas a lo digital se desenvuelven a una velocidad distinta que las formas de control y marcos legales. Internet se ha convertido en un repositorio o archivo cultural, donde la producción cultural, su reproducción y distribución se modifica y la piratería se ha transformado en una práctica característica de la era digital.

La discusión sobre los derechos de propiedad de la selfie del mono es justamente un síntoma del cambio al que nos estamos enfrentando hace unas décadas, en el cual queda mucho por debatir, investigar y crear.

ACTUALIZACIÓN: Los tribunales decidieron que la foto del mono no puede tener copyright. El documento que contiene la resolución del tribunal señala que “La oficina no puede registrar trabajos que hayan sido creados por la naturaleza, los animales o las plantas“. Más información en este enlace.


Right to be forgotten? Most of us are still trying to be remembered | Dale Lately | Comment is free | theguardian.com

Right to be forgotten? Most of us are still trying to be remembered | Dale Lately | Comment is free | theguardian.com.

While some seek to erase their online record the rest of us languish on the long tail – heard, seen and read by almost nobody
laptop woman
‘The web acts like a giant version of Orwell’s “memory hole” – consigning thoughts, fears and feelings to virtual oblivion.’ Photograph: Getty Images/Image Source

The famous dream of being wiped from the web. Take former Formula One head Max Mosley, who has launched legal action against Googledemanding the removal of images of him at a sex party from the search engine. Most of the rest of us know all too well about being forgotten.

A blog I began a few years ago – a stunningly successful experiment in national secrecy located several thousand miles up a winding gorge in the outer reaches of the internet – had, like most blogs, all the virtual footfall of a moon crater in low season. In terms of impact, I’d have made more of an impression standing on an upturned bucket beside a motorway, performing interpretative dance to passing truck drivers.

I’m not alone. From musicians to entrepreneurs, writers to pop-up burger chefs, millions are desperately perspiring at the coal-face of the attention economy. One hundred and eighty-one million blogs wererecorded by Nielsen in 2011. The best part of half a billion tweets are now sent daily. Facebook, Blogger and Twitter regularly invite us to study the analytics for our posts and pages.

“I always make sure I can see the Twitter screen on my laptop when I am writing,” self-publishing author Ben Galley declares, just one of an army of unpaid e-authors who rise at dawn to promote themselves on social media before their paid job. A raft of startups like ClickSubmit and Outbrain promise to get you noticed on the net; trades from handymen to hoteliers face the prospect that unless they get busily networking to take on Airbnb and other Web 2.0 disrupters, they’ll end up biting analogue dust.

And yet with the rise of “erase your history” software such as X-pire! and ephemeral apps like Snapchat and Wickr, we seem preoccupied with an urge for removal and erasure – an idea now enshrined in European legislation. Whether individuals have the right to remove their own digital footprint is a good question, but it ignores the plight of a much larger but less celebrated group: those working hard at being remembered in the first place.


Internet y el control social: Sin un lugar donde esconderse

Internet y el control social: Sin un lugar donde esconderse.

Escrito por Paul Walder / Punto Final
Jueves, 19 de Junio de 2014 11:57

A inicios de junio la prensa nacional informaba que el 95 por ciento del territorio habitado de Chile cuenta con Internet, cobertura que en un par de años llegará al 98 por ciento. Otras cifras ubican a Chile como el segundo país latinoamericano con mejor conexión a Internet (el primero es Uruguay), en tanto datos de la Subtel de 2012 señalan que más del 40 por ciento de la población cuenta con acceso a la red, sea ésta por red WiFi o telefonía móvil. En números absolutos, casi cinco millones de personas usan Internet.

Otros estudios hilan más fino. Un informe del estadounidense Pew Research Center, publicado en febrero, ubica a Chile como uno de los países que hacen un uso intensivo de Internet: un 66 por ciento de los usuarios dice conectarse todos los días y un 79 por ciento ingresa con frecuencia a las redes sociales. Hilando aún más fino, un 96 por ciento dice ingresar a las redes sociales para mantener contacto con amigos, un 76 por ciento para compartir opiniones sobre cine y música, en tanto un 38 por ciento lo hace para debatir sobre política. Si éste es un sondeo que abarca a toda la población, entre los grupos más jóvenes el uso de Internet, y en especial de las redes sociales, tiene una cobertura total.

Sobre las cifras de la Subtel podemos inferir que un millón y medio comparte opiniones políticas a través de Internet. Si comparamos esa cifra con las personas que buscan la información política en los medios de comunicación de masas tradicionales, probablemente no es un número relevante, pero sí lo es por su interrelación. Con todos los matices y tendencias posibles, la red es usada por más de un millón de personas como un espacio donde ejercer su derecho a la libre expresión.

Internet y las redes sociales han reemplazado el espacio público, como las plazas, terrazas, bares y otros lugares de reunión. Es el área de la comunicación, la aldea global de Mac ­ Luhan, un espacio vital, un área en la cual se ejercen derechos fundamentales, como es la libre expresión y comunicación. Para las nuevas generaciones, y no sólo para aquéllas, perder este espacio es una sensible pérdida de libertades básicas.