Who’s downloading pirated papers? Everyone | Science | AAAS

Many academic publishers offer programs to help researchers in poor countries access papers, but only one, called Share Link, seemed relevant to the papers that Rahimi sought. It would require him to contact authors individually to get links to their work, and such links go dead 50 days after a paper’s publication. The choice seemed clear: Either quit the Ph.D. or illegally obtain copies of the papers. So like millions of other researchers, he turned to Sci-Hub, the world’s largest pirate website for scholarly literature. Rahimi felt no guilt. As he sees it, high-priced journals “may be slowing down the growth of science severely.”

Fuente: Who’s downloading pirated papers? Everyone | Science | AAAS


Impact of Social Sciences – How do students access the resources they need? Survey finds only one in five obtain all resources legally.

an overview of findings from a study on the practices of university students accessing learning resources at a research-intensive university in South Africa. There is a grey zone in the access of resources that is now simply part of normal life in a new communication and information order. The students’ perspectives raise critical issues for new models of publishing, for digital literacies and for open scholarship.

Fuente: Impact of Social Sciences – How do students access the resources they need? Survey finds only one in five obtain all resources legally.


Cómo el MIT atrapó a Aaron Swartz

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/21/actualidad/1358794889_883283.html

La institución académica participó activamente en la persecución del activista cibernético

Aaron Swartz en enero / Michael Francis McElroy (AP)

Hace unos meses, un misterioso visitante utilizó la red de Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) para descargar y copiar millones de artículos de investigación que pertenecían a JSTOR, la organización sin ánimo de lucro que vende suscripciones a las universidades.

El visitante era listo, ya que cambiaba su identificación para evitar ser bloqueado por el sistema de seguridad del MIT. Con el tiempo, la universidad pensó que había detenido la intromisión. Sin embargo, el 3 de enero de 2011, de acuerdo con documentos internos del MIT a los que el New York Times tuvo acceso, la universidad fue informada de que el intruso había vuelto. Esta vez descargando documentos muy lentamente, con un nuevo método de acceso, para no llamar la atención de los expertos en seguridad. “El usuario no estaba usando los métodos típicos para acceder a la intranet del MIT”, concluyó Mike Halsall, un analista de seguridad de la institución.

Lo que los representantes de la universidad no sabían era que el intruso era Aaron Swartz, una de las mentes más brillantes del mundo de la tecnología y un defensor del acceso libre a la información, que contaba además con una beca de colaboración en Harvard.